PALEOLÍTICO y EPIPALEOLÍTICO

Desde hace aproximadamente 3,5 millones de años, cuando aparecieron en las estepas africanas los primeros antecesores del hombre actual, hasta aproximadamente el 5.000 antes de nuestra era, se desarrollan los períodos que los historiadores denominan Paleolítico y Epipaleolítico.

En este amplísimo período que ocupa más del 99,8 % de la historia de la humanidad, el hombre desarrolló las aptitudes y conocimientos que hoy le son propios.

Aprendió a tallar útiles en piedra para raspar, perforar, tallar o machacar las materias y alimentos que utilizaban. También aprendió a utilizar el fuego y fue perfeccionando las técnicas de caza que le permitían conocer los movimientos de las manadas de animales y seleccionar la pieza deseada. Pero estas actividades cazadoras y recolectoras, realizadas siempre desde el profundo conocimiento de la naturaleza, permitían mantener el equilibrio ecológico y por ende la perpetuación del sistema.

Junto a estos cambios, paralelamente, el hombre fue desarrollando otras capacidades artísticas y “espirituales” que posibilitaron la aparición de las primeras manifestaciones artísticas y religiosas.

Pero de este larguísimo período son muy escasos los restos conservados, más todavía si pensamos que una parte muy importante del utillaje usado por aquellos hombres sería de madera o otras materias perecederas, conservándose casi exclusivamente las piezas hechas sobre piedra, hueso y asta.

En Xàbia y su entorno los restos más antiguos de ocupación humana han sido hallados en la Cova Foradada donde se asentó un pequeña grupo de cazadores que ocuparon la cueva hace unos 30.000 años, en los inicios del Paleolítico Superior. De momentos un poco posteriores, son los materiales recuperados en la Cova del Montgó y la Cova del Moro (el Poble Nou de Benitatxell).
En aquellos tiempos, el paisaje de nuestro territorio era muy distinto al actual. El aumento de la masa de hielo en el casquete polar por efecto de la última glaciación, hizo emerger una amplia zona litoral, situándose la línea de costa en algunas zonas a varios kilómetros de la actual.

Hacia el 10.000 antes de nuestra era se producirán importantes cambios climáticos que provocaron el retroceso de los hielos árticos y la aparición de un paisaje y clima semejantes al actual. Esto comportó substanciales cambios en la fauna y la vegetación a los que el hombre tuvo que adaptarse. Se inicia así el epipaleolítico, última etapa de las sociedades cazadoras. Este período se caracterizada por el microlitismo, es decir, por la disminución en el tamaño del utillaje lítico. De estos momentos conocemos algunos yacimientos que corresponderían a pequeños campamentos al aire libre, como el del Cap de la Nau y el de la Plana de Sant Antoni.

NEOLÍTICO

A partir del quinto milenio a.n.e., empezamos a hallar en algunos yacimientos próximos al litoral mediterráneo peninsular las primeras evidencias materiales del Neolítico, culturas que traerán un cambio substancial en la vida y la actividad de las comunidades humanas: la domesticación de plantas y animales, es decir, la aparición de la agricultura y la ganadería. Todos estos cambios, fundamentales en la historia del hombre y su relación con el medio natural, se habían originado hacia el VIII milenio a.n.e. en el Próximo Oriente desde donde llegaran al litoral mediterráneo peninsular, siguiendo un movimiento de difusión paulatino hacia poniente. Estas transformaciones estarán acompañadas de importantes avances tecnológicos entre los que destaca la aparición de la cerámica y la técnica del pulimento de la piedra.

La Cova del Montgó fue un importante asentamiento neolítico que ha ofrecido abundantes restos de las diferentes etapas de este periodo con cerámicas hechas a mano con decoraciones impresas cardiales, plásticas, incisas y pintadas; hachas y azuelas de piedra pulida, y otros materiales. También en este periodo fue ocupada la Cova de l’Or, en el Cap Negre, donde se han hallado algunos materiales arqueológicos.